RUTAS · EL VENDRELL Y COMARRUGA
Hay subidas que se te quedan grabadas durante años. No porque fueran especialmente largas ni porque aparecieran en alguna clasificación, sino porque hubo un tiempo en el que parecían imposibles de superar.
Para mí, una de ellas era la subida al Repetidor de El Vendrell.
En los años 90, muchas de nuestras salidas en bicicleta de montaña empezaban en Comarruga. Desde allí nos dirigíamos hacia Los Masos, Sant Vicenç de Calders y los caminos que rodeaban El Vendrell. Eran recorridos que fuimos conociendo a fuerza de pedalear, repetir subidas y descubrir por dónde continuar.
No había GPS en el manillar, ni archivos GPX que descargar antes de salir. Aprendíamos los caminos recorriéndolos y recordando los desvíos para la siguiente vez.
Y había rampas que, por mucho que las conocieras, seguían haciéndote sufrir.
RECUERDO PERSONAL
Este artículo recoge cómo recuerdo aquellas salidas. No es una guía de ruta actual ni reconstruye un track. Las distancias aproximadas y el estado del terreno pertenecen a mi memoria de aquella época.

De Comarruga a Los Masos: la primera subida
Uno de nuestros recorridos habituales comenzaba saliendo de Comarruga hacia la urbanización Los Masos.
La subida era asfaltada, pero al final tenía una rampa corta y muy pronunciada. De esas que, aunque sabes que duran poco, te obligan a esforzarte hasta el último metro.
Después descendíamos por un camino hacia Sant Vicenç de Calders.
Allí nos esperaba otra pequeña subida asfaltada que recuerdo especialmente bien. Era una rampa muy pendiente, con un firme áspero, como arrugado. No recuerdo exactamente qué tipo de acabado tenía, pero sí la dificultad de superar aquellos metros.
Son detalles que pueden parecer insignificantes vistos tantos años después. Una calle en pendiente, un camino de bajada, unos metros de asfalto rugoso…
Sin embargo, cuando empezabas a tomarte en serio la bicicleta de montaña, esas pequeñas dificultades tenían mucha importancia.
Volvíamos a pasar por los mismos sitios y, sin necesidad de consultar estadísticas, sabíamos perfectamente qué rampas nos habían costado más y cuáles empezábamos a dominar.
El Repetidor de El Vendrell: nuestra gran asignatura pendiente
Pero la subida que realmente recuerdo como un desafío era la del Repetidor de El Vendrell.
En mi memoria eran aproximadamente dos kilómetros de ascensión. No tengo una medición de aquella época que permita confirmar la distancia, pero sí recuerdo muy bien lo que suponía intentar llegar arriba.
Al principio no era capaz de completarla.
De nuestro grupo de amigos, solo uno conseguía subirla entera. Los demás teníamos que rendirnos antes de alcanzar el final.
Y no era únicamente una cuestión de resistencia.
Los últimos metros eran especialmente duros, con mucha pendiente y piedra suelta. Había que seguir pedaleando mientras intentabas mantener la tracción de la rueda trasera. Si empezabas a patinar o perdías demasiada velocidad, continuar se complicaba muchísimo.
En aquellas condiciones, una subida podía convertirse en una combinación de fuerza, equilibrio y técnica.
Recuerdo que volvíamos a intentarlo. Y aunque no siempre conseguíamos llegar más lejos, aquella subida seguía ahí, esperando para la siguiente salida.
Cuando por fin conseguí llegar arriba
Con el tiempo, parte de la subida al Repetidor cambió.
Recuerdo que asfaltaron una zona que antes tenía piedra suelta. El nuevo firme tenía bandas o un acabado rugoso que facilitaba mantener el agarre.
Y entonces conseguí completar la subida.
Después de tantos intentos fallidos, llegar arriba sin tener que bajarme de la bicicleta fue una satisfacción especial.
Es verdad que las condiciones ya no eran exactamente las mismas. La parte más complicada había cambiado y eso ayudaba. Pero para mí seguía siendo aquella subida que durante tanto tiempo se había resistido.
No necesitaba un tiempo registrado ni comparar resultados con nadie.
Simplemente, había conseguido subirla entera.
Salir sin GPS y aprender los caminos
Hoy es habitual preparar una ruta desde el ordenador o el móvil, cargarla en el GPS y salir sabiendo cuántos kilómetros y metros de desnivel nos esperan.
En nuestras salidas de los años 90 no funcionábamos así.
Conocíamos algunos caminos y otros los íbamos descubriendo. Aprendíamos por dónde pasar, qué desvíos tomar y cómo enlazar unas zonas con otras.
A veces repetíamos recorridos conocidos. Otras veces nos aventurábamos por caminos que no habíamos probado.
Las otras salidas: Casa Alta y el pantano del Foix
Además de las salidas al Repetidor, también recuerdo nuestros recorridos hacia Casa Alta y el entorno del pantano del Foix.

Eran salidas diferentes. La subida al Repetidor tenía su propio recorrido y no formaba parte de una ruta que continuara hacia Casa Alta.
Las vueltas por la zona del Foix podían ser bastante más largas. Recuerdo recorridos de unos 70 kilómetros, una distancia que entonces suponía pasar muchas horas encima de la bicicleta.
No conservo un track ni mediciones de aquellas salidas que permitan reconstruir exactamente por dónde pasábamos. Prefiero mantenerlas como recuerdos de una época y no presentar hoy un itinerario que no puedo garantizar.
Aquella manera de montar tenía mucho de exploración.
No era necesariamente mejor que la actual. Hoy tenemos herramientas fantásticas para descubrir rutas, evitar equivocaciones y conocer mejor el terreno.
Pero sí era diferente.
Había una satisfacción especial en aprenderte un camino, recordar una subida y saber que, la próxima vez, intentarías superar aquella rampa que se te había atragantado.
Las carreras también formaban parte de aquel ambiente
Recuerdo que en aquella zona se organizaba una carrera local cuyo recorrido incluía la subida al Repetidor.
No conservo documentación suficiente para identificar con seguridad la prueba, su nombre o las fechas en que se celebró. Por eso, de momento, lo mantengo como un recuerdo personal y no como un dato histórico confirmado.
Lo que sí recuerdo es que aquella subida tenía entidad suficiente para convertirse en un desafío por sí misma.
Nosotros no necesitábamos estar inscritos en ninguna competición para tomárnosla en serio.
Conseguir llegar arriba ya era nuestro pequeño objetivo.
Lo que queda de aquellas salidas
Han pasado más de treinta años desde aquellas primeras rutas por Comarruga y El Vendrell.
He tenido distintas bicicletas, he conocido otros caminos y mi manera de disfrutar del MTB también ha cambiado.
Hoy sigo saliendo en bicicleta de montaña, también con una e-MTB. Puedo consultar mapas, analizar recorridos y afrontar subidas con una tecnología que en los años 90 nos habría parecido increíble.
Pero cuando pienso en aquellos años, no recuerdo cifras de desnivel ni velocidades medias.
Recuerdo Los Masos, aquella pequeña rampa de Sant Vicenç de Calders y, sobre todo, el Repetidor.
Recuerdo que al principio solo uno de mis amigos conseguía subirlo entero.
Y recuerdo la satisfacción de lograrlo finalmente yo también.
Quizá eso sea lo que más me gusta de mirar atrás: comprobar que, aunque las bicicletas hayan cambiado tanto, una buena parte de lo que me apasiona del MTB sigue siendo lo mismo.
Salir, descubrir caminos y encontrar una subida que te obligue a superarte.
Nota editorial: este artículo recoge recuerdos personales de mis salidas en MTB por El Vendrell y Comarruga durante los años 90. No es una guía de ruta actual. El estado, los accesos y las condiciones de circulación de aquellos caminos pueden haber cambiado.